Es curiosa la vida del ser humano, para mi gusto demasiado corta, sin embargo, cada cual tiene su punto de vista, y el mío, es el de un ser mitológico casi inmortal.
El ser humano como toda criatura, nace, crece, se educa (o no), forma una familia (o no), y al final muere, un ciclo que se repite constantemente. Una vivencia en demasía monótona para que llegada la hora, se rindan "honores", se derramen lágrimas y luego... poco perdure el recuerdo o la esencia de ese humano fallecido.
Independientemente de lo que se haga en ese camino, el "día del comienzo del sueño eterno" llega con mayor o menor sorpresa. No importa que los pasos de la Parca sean largos o cortos, siempre alcanza sus objetivos, llevándoselos a su terreno para martirizarlos o tal vez, prepararles para lo venidero. Puede haber ocasiones que "la de la guadaña", puede presentarse antes de tiempo o más tarde de lo debido, mas siempre llega. Vestida de negro, ocultando su esquelético rostro bajo la capucha de la capa, con cadenas tintineando a su paso y una enorme guadaña afilada empuñada en una de sus manos. Ahora que pienso... la imagen de la muerte según el misticismo, es de un hombre mientras que hablamos en femenino. Un contrapunto singular donde los haya...
La muerte no es más que un cambio, una metamorfosis, el traspaso de una puerta hacia otro nuevo mundo, nuevas condiciones, nuevas experiencias...
Sinceramente, no entiendo mucho sobre la muerte, pues nunca he perecido a pesar de haber estado en sus albores. Pero creo que la cultura egipcia comprendía el significado de lo que era "el sueño eterno", la actual humanidad debería aprender de culturas milenarias a tratar a sus difuntos. Sobretodo a recordarlos como merecen, para que en su nuevo estadio, sean dichosos de haber convivido con sus familiares y haber estado en este loco mundo, que es la Tierra.
martes, 9 de marzo de 2010
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